La Regenta es una novela realista, con toques naturalistas.
Su autor es Leopoldo Alas Clarín (Zamora 1852- Oviedo 1901) que,a través de sus artículos, reivindicaba la
renovación literaria e ideológica de España.
“La Regenta” se
escribió ente los años 1884 y 1885. Esta novela se origina debido a dos
circunstancias sociales que se dan en la segunda mitad del siglo XIX:
La primera es el ascenso al poder por parte de la burguesía.
La segunda circunstancia fue debida a la aparición de una
nueva sociedad urbana, consecuencia de la industrialización.
A través de “La Regenta” su autor critica los prejuicios y
la hipocresía de la sociedad de su época y hace una importante denuncia de la
represión de una religión (el cristianismo) que frustra a sus protagonistas.
Clarín hace un retrato psicológico
detallista de los lugares donde se mueven los personajes de su obra. Para ello
utiliza un estilo muy cuidadoso y riguroso.
En la obra aparecen descripciones muy parecidas a las
costumbristas , sigue la escuela naturalista a la cual pertenece esta novela y
se puede considerar como el máximo exponente
en España.
Concretamente comentamos el capitulo XXVI que encontramos en
la segunda parte de la obra; el autor nos cuenta que la Regenta decide
participar a la procesion del Viernes santo como penitente porque se siente
culpable por haber bailado con Don Alvaro Mesìa.
Ana toma una decisión sin tomar en consideracion la voluntad
de su marido aunque esta mal visto por él y por el pueblo (estamos en una época
en la que la voluntad del marido es màs importante de la que la mujer)
“ El caso es... que
cuando yo creía tenerla dominada, cuando yo creía que el misticismo y el Provisor eran agua pasada que no movía
molino... cuando yo no dudaba de mi poder discrecional en mi hogar... a lo
mejor ¡zas! mi mujer me viene con la embajada de la procesión..”
“-¿Y el pobre calzonazos dio su permiso? -dijo Visita,
colorada de indignación-. ¡Qué maridos de la isla de San Balandrán!”
Por otro lado la reacción de la burguesia es de critica y no
sabe asimilar esta decisión :
“ La Marquesa no acababa de santiguarse. «Aquello no era
piedad, no era religión; era locura, simplemente locura. La devoción racional,
ilustrada, de buen tono, era aquella otra, pedir para el Hospital a las
corporaciones y particulares a las puertas del templo, regalar estandartes
bordados a la parroquia; ¡pero vestirse de mamarracho y darse en
espectáculo!...».”
“Pero, señores, señores, digo yo -repetía doña Rufina-
¿cuándo ha visto Ana que una señora fuese en el Entierro detrás de la urna con
hábito, o lo que sea, de nazareno?...”
Ademas se encuentra el interes por la ropa (en aquella epoca era importante y
marcaba las diferencias entre las clases sociales)
“-¿Y el
traje? ¿cómo es el traje? ¿sabe usted...?
-¿Pues no he de saber? -contestó doña Petronila, orgullosa
porque estaba enterada de todo-. Ana llevará túnica talar morada, de
terciopelo, con franjamarrón foncé...
-¿Marrón foncé? -objetó Obdulia-... no dice bien... oro
sería mejor.
-¿Qué sabe
usted de esas cosas?... Yo misma he dirigido el trabajo de la modista;
Ana tampoco entiende de eso y me ha dejado a mí el cuidado de todos los
pormenores.
-¿Y la túnica es de vuelo?
-Un poco...
-¿Y cola?
-No, ras con ras...
-¿Y calzado? ¿sandalias...?
-¡Calzado! ¿qué calzado? El pie desnudo...
-¡Descalza!
-gritaron las tres damas.”
La religion toma una posición importante en cuanto la opinión
del marido esta debajo de la fé ,del honor y sobre todo de la promesa que ella habia
hecho
“-…Ana le ha hecho comprender que se trataba de un voto
sagrado, y que impedirle cumplir su promesa sería un acto de despotismo que
ella no perdonaría jamás...”
“Recordaba que de rodillas ante el Magistral le había
ofrecido aquel sacrificio, aquella prueba pública y solemne de su adhesión a
él, al perseguido, al calumniado. Se le había ocurrido aquella tremenda traza
de mortificación propia en la novena de los Dolores, oyendo el Stabat Mater de
Rossini, figurándose con calenturienta fantasía la escena del Calvario, viendo
a María a los pies de su hijo, dum pendebat filius, como decía la letra. Había
recordado, como por inspiración, que ella había visto en Zaragoza a una mujer
vestida de Nazareno, caminar descalza detrás de la urna de cristal que
encerraba la imagen supina del Señor, y sin pensarlo más, había resuelto, se
había jurado a sí misma caminar así, a la vista del pueblo entero, por todas
las calles de Vetusta detrás de Jesús muerto, cerca de aquel Magistral que
padecía también muerte de cruz, calumniado, despreciado por todos... y hasta por
ella misma... Y ya no había remedio, don Fermín, después de una oposición no
muy obstinada, había accedido y aceptaba la prueba de fidelidad espiritual de
Ana; doña Petronila, a quien - ya no miraba como tercera repugnante de
aventuras sacrílegas, se había ofrecido a preparar el traje y todos los
pormenores del sacrificio..”
Finalmente Ana se arrepiente por ella y por su marido de la decisión qua ha
tomado pero, como ya ha hecho la promesa ,no puede echarse atras.La unica
salida seria que hubiera lluvia y se suspendiera la procesion pero asi no fue.
“ También Ana miró al cielo muy de mañana, y sin poder
remediarlo pensó ¡si lloviera! Lo deseaba y le remordía la conciencia de este
deseo. Estaba asustada de su propia obra. «Yo soy una loca -pensaba- tomo
resoluciones extremas en los momentos de la exaltación y después tengo que
cumplirlas cuando el ánimo decaído, casi inerte, no tiene fuerza para querer».”
“«¡Y ahora, cuando era llegado el día, cuando se acercaba la
hora, se le ocurría a ella dudar, temer, desear que se abrieran las cataratas
del cielo y se inundara el mundo para evitar el trance de la procesión!».”…
“Ana pensaba también en su Quintanar. Todo aquello era por
él, cierto; era preciso agarrarse a la piedad para conservar el honor, pero ¿no
había otra manera de ser piadosa? ¿No había sido un arrebato de locura aquella
promesa? ¿No iba a estar en ridículo aquel marido que tenía que ver a su esposa
descalza, vestida de morado, pisando el lodo de todas las calles de la
Encimada, dándose en espectáculo a la malicia, a la envidia, a todos los
pecados capitales, que contemplarían desde aceras y balcones aquel cuadro vivo
que ella iba a representar?”.

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