domingo, 22 de junio de 2014

La Regenta


La Regenta es una novela realista, con toques naturalistas. Su autor es Leopoldo Alas Clarín (Zamora 1852- Oviedo 1901) que,a  través de sus artículos, reivindicaba la renovación literaria e ideológica de España.
 “La Regenta” se escribió ente los años 1884 y 1885. Esta novela se origina debido a dos circunstancias sociales que se dan en la segunda mitad del siglo XIX:
La primera es el ascenso al poder por parte de la burguesía.
La segunda circunstancia fue debida a la aparición de una nueva sociedad urbana, consecuencia de la industrialización.

A través de “La Regenta” su autor critica los prejuicios y la hipocresía de la sociedad de su época y hace una importante denuncia de la represión de una religión (el cristianismo) que frustra a sus protagonistas. Clarín  hace un retrato psicológico detallista de los lugares donde se mueven los personajes de su obra. Para ello utiliza un estilo muy cuidadoso y riguroso.
En la obra aparecen descripciones muy parecidas a las costumbristas , sigue la escuela naturalista a la cual pertenece esta novela y se puede considerar como  el máximo exponente en España.

Concretamente comentamos el capitulo XXVI que encontramos en la segunda parte de la obra; el autor nos cuenta que la Regenta decide participar a la procesion del Viernes santo como penitente porque se siente culpable por haber bailado con Don Alvaro Mesìa.
Ana toma una decisión sin tomar en consideracion la voluntad de su marido aunque esta mal visto por él y por el pueblo (estamos en una época en la que la voluntad del marido es màs importante de la que la mujer)

 “ El caso es... que cuando yo creía tenerla dominada, cuando yo creía que el misticismo   y el Provisor eran agua pasada que no movía molino... cuando yo no dudaba de mi poder discrecional en mi hogar... a lo mejor ¡zas! mi mujer me viene con la embajada de la procesión..”
“-¿Y el pobre calzonazos dio su permiso? -dijo Visita, colorada de indignación-. ¡Qué maridos de la isla de San Balandrán!”

Por otro lado la reacción de la burguesia es de critica y no sabe asimilar esta decisión :
“ La Marquesa no acababa de santiguarse. «Aquello no era piedad, no era religión; era locura, simplemente locura. La devoción racional, ilustrada, de buen tono, era aquella otra, pedir para el Hospital a las corporaciones y particulares a las puertas del templo, regalar estandartes bordados a la parroquia; ¡pero vestirse de mamarracho y darse en espectáculo!...».”
“Pero, señores, señores, digo yo -repetía doña Rufina- ¿cuándo ha visto Ana que una señora fuese en el Entierro detrás de la urna con hábito, o lo que sea, de nazareno?...”
Ademas se encuentra el interes  por la ropa (en aquella epoca era importante y marcaba las diferencias entre las clases sociales)
“-¿Y el traje? ¿cómo es el traje? ¿sabe usted...?
-¿Pues no he de saber? -contestó doña Petronila, orgullosa porque estaba enterada de todo-. Ana llevará túnica talar morada, de terciopelo, con franjamarrón foncé...
-¿Marrón foncé? -objetó Obdulia-... no dice bien... oro sería mejor.
-¿Qué sabe usted de esas cosas?... Yo misma he dirigido el trabajo de la modista; Ana tampoco entiende de eso y me ha dejado a mí el cuidado de todos los pormenores.
-¿Y la túnica es de vuelo?
-Un poco...
-¿Y cola?
-No, ras con ras...
-¿Y calzado? ¿sandalias...?
-¡Calzado! ¿qué calzado? El pie desnudo...
-¡Descalza! -gritaron las tres damas.”
La religion toma una posición importante en cuanto la opinión del marido esta debajo de la fé ,del honor  y sobre todo de la promesa que ella habia hecho

“-…Ana le ha hecho comprender que se trataba de un voto sagrado, y que impedirle cumplir su promesa sería un acto de despotismo que ella no perdonaría jamás...”


“Recordaba que de rodillas ante el Magistral le había ofrecido aquel sacrificio, aquella prueba pública y solemne de su adhesión a él, al perseguido, al calumniado. Se le había ocurrido aquella tremenda traza de mortificación propia en la novena de los Dolores, oyendo el Stabat Mater de Rossini, figurándose con calenturienta fantasía la escena del Calvario, viendo a María a los pies de su hijo, dum pendebat filius, como decía la letra. Había recordado, como por inspiración, que ella había visto en Zaragoza a una mujer vestida de Nazareno, caminar descalza detrás de la urna de cristal que encerraba la imagen supina del Señor, y sin pensarlo más, había resuelto, se había jurado a sí misma caminar así, a la vista del pueblo entero, por todas las calles de Vetusta detrás de Jesús muerto, cerca de aquel Magistral que padecía también muerte de cruz, calumniado, despreciado por todos... y hasta por ella misma... Y ya no había remedio, don Fermín, después de una oposición no muy obstinada, había accedido y aceptaba la prueba de fidelidad espiritual de Ana; doña Petronila, a quien   -   ya no miraba como tercera repugnante de aventuras sacrílegas, se había ofrecido a preparar el traje y todos los pormenores del sacrificio..”

Finalmente Ana se arrepiente  por ella y por su marido de la decisión qua ha tomado pero, como ya ha hecho la promesa ,no puede echarse atras.La unica salida seria que hubiera lluvia y se suspendiera la procesion pero asi no fue.

“ También Ana miró al cielo muy de mañana, y sin poder remediarlo pensó ¡si lloviera! Lo deseaba y le remordía la conciencia de este deseo. Estaba asustada de su propia obra. «Yo soy una loca -pensaba- tomo resoluciones extremas en los momentos de la exaltación y después tengo que cumplirlas cuando el ánimo decaído, casi inerte, no tiene fuerza para querer».”
“«¡Y ahora, cuando era llegado el día, cuando se acercaba la hora, se le ocurría a ella dudar, temer, desear que se abrieran las cataratas del cielo y se inundara el mundo para evitar el trance de la procesión!».”…


“Ana pensaba también en su Quintanar. Todo aquello era por él, cierto; era preciso agarrarse a la piedad para conservar el honor, pero ¿no había otra manera de ser piadosa? ¿No había sido un arrebato de locura aquella promesa? ¿No iba a estar en ridículo aquel marido que tenía que ver a su esposa descalza, vestida de morado, pisando el lodo de todas las calles de la Encimada, dándose en espectáculo a la malicia, a la envidia, a todos los pecados capitales, que contemplarían desde aceras y balcones aquel cuadro vivo que ella iba a representar?”.

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