El estudiante de Salamanca
José de Espronceda
Este poeta y revolucionario fue uno de los más grandes
románticos españoles, el más popular del siglo XIX. Su vida integra la rebelión
moral y la política, y su estilo se caracteriza por las imágenes arrebatadas y
la permanente contradicción de dos estados anímicos: la exaltación y el
desaliento.
La primera parte comienza con una descripción de Salamanca y
de Don Félix de Montemar (éste será la representación de don Juan). Don Félix
enamora a doña Elvira, le quita su honra, se cansa de ella y la deja. Desde el
primer acto don Félix desafía a Dios; parece no creer que exista un infierno.
En la segunda parte Doña Elvira le escribe una carta a su
amado don Félix, al terminar la carta muere por tanta pena y dolor.
En la parte tercera Don Félix está jugando a las cartas, está
perdiendo el juego y apuesta el retrato de pedrería. Don Félix no muestra
importancia alguna por la dama que en está en el retrato, de hecho dice que la
vende:
“Eso a vos no importa
nada.
¿Queréis la dama? Os
la vendo”
Momento en el cual
aparece don Diego de Pastrana, hermano de Elvira y desafía a duelo a don Félix
para vengar la muerte de su hermana.
En la ultima parte Don Diego muere a manos de don Félix. Vuelve
aparecer la imagen de Jesús, pero don Félix no muestra temor. Poco después de
la muerte de don Diego aparece una mujer vestida de blanco y don Félix le
ofrece su compañía, éste intenta hablar con la mujer, pero la misma no le
responde, entonces decide seguirla para saber quien era esa hermosa mujer y
hacia adonde se dirigía. Don Félix se enfrenta a Dios, momento en el cual se le
quita su rebeldía. Para sorpresa de don Félix la mujer lo guía hasta el
cementerio, pero su curiosidad era tan grande que continuó persiguiéndola. Esta
mujer lo ha llevado hasta una capilla en la cual don Félix contempla su propio
entierro rodeado de esqueletos. Los esqueletos danzaban y decían que eran
marido y mujer, que ya podía quitarle el velo a la novia, y cuando éste lo hace
se queda pasmado al ver que era doña Elvira.
Al describir a Elvira la presenta como el prototipo de mujer
romántica, por sus ojos lánguidos, por su timidez e inocencia, por su
irremediable abandono amoroso y por su locura final. Esta obra incluye todos
las características románticas, por lo que es una de las mejores
representaciones del Romanticismo español.
Varios temas de los usados forman ya parte de la tradición:
la locura del protagonista, la ronda espectral, la visión del propio entierro y
la mujer transformada en esqueleto.
Es un impresionante poema de la noche y de la muerte, el
tiempo en el que transcurre se sitúa entre la medianoche y el amanecer. Muestra
una romántica concepción del amor. Tiene una versificación polimétrica que está
íntimamente relacionada con las variaciones del tema, unos cambios de métrica y
ritmo condicionados por el contenido. En los momentos de más tensión los versos
son más cortos lo que da la impresión de que la acción transcurre más deprisa.
Otros momentos como los de euforia, énfasis, melancolía y la lóbrega danza fúnebre
los versos también son diferentes.
El autor rompe con la cronología lineal, propia de la vieja
literatura, acaba con la secuencia temporal del relato y desarrolla una
formulación romántica del conflicto entre la felicidad y la desdicha, entre la
realidad y el sueño de una perdida felicidad inocente.



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